lunes, 28 de noviembre de 2016

Tus ojos color café

Leí en algún sitio que los ojos color café eran inmensos. 
Pero no de tamaño, no. 
Inmensos por su grandeza, de su pureza. 
Podías sumergirte en ellos, bañarte. 
Y te arropaban según los miraras,
cariñosos, acaramelados. 
También podían abrir un agujero negro en tu alma, 
fríos, e impasibles. 

Sin embargo, en su mayoría podían abrazarte con un solo parpadeo.

Esos ojos color café tenían una mirada. 
Una mirada de amor, 
una mirada de odio u olvido. 
Una mirada que te desnudaba sin proponerlo, 
pero que, al final, acababa queriendo sutilmente.

Eran relucientes, brillantes e intensos. 
Unos ojos alocados, 
que conseguían una segunda oportunidad. 
Que acababan siendo perdonados sin miramientos.. 

Pero ese café era de calidad. 
Un café para tomar solo. 
Para disfrutarlo de la misma manera que su fuerza,
intensa.
Porque no sabías cuánto duraría aquella mirada.
Porque no entendías el porqué de aquellas sensaciones.

Esa mirada podría conseguir lo que se propusiera; 
esos ojos escribirían historias, 
conseguirían películas. 

Ambos, tan hermosos, escribirían poesía.



Eva Lermas Fernández

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