miércoles, 25 de mayo de 2016

Ella

Ella era preciosa, desnuda en su totalidad hasta cuanto uno quisiera poseerla. Era libre, pero moldeable tanto como nuestra propia mano quisiera darle forma y color. Ella era pura desde su creación pero, objeto de múltiples copias y burlas, la utilizaron para finalidades deshonrosas, aportándola de trapos sucios y viejos. Pero ella seguía siendo la misma de antes, y gracias a su luz y claridad, consiguió brillar ante manos talentosas. Ella tenía esa mirada que lo decía todo en pocas palabras. Ella aportaba amor sin condición. Ella era única en su condición de poesía. Ella. Simplemente era ella.

Eva Lermas Fernández

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