jueves, 14 de abril de 2016

Propias decisiones


Me levanté de un sueño ardiente. Mi cuerpo sudaba por todas partes, y me recordó a la conversación de aquella noche. Quizás por ese motivo soñé de esta manera...
Sin embargo, hice caso omiso de lo que mi cuerpo pedía y pude salir de la cama. Mis ojos, aún hinchados por el cansancio, seguían susurrándome que volviera a dormirme. ¿Dónde mejor que acurrucada entre las sábanas? Era un lugar reconfortante. Íntimo.

Volví la mirada hacia mi desnuda cama y la visualicé durante un par de minutos. ¿De verdad quería levantarme? Miré la puerta de mi habitación otros segundos. Si avanzaba acabaría por salir hacia el pasillo y debería comportarme como una persona normal. Enfrentarme al mundo, a la sociedad que me rodea. Debía escuchar tantas veces como se le ocurriera a la gente lo delgada que me había quedado, o lo guapa que estaba ese día. ¿Que más da? En realidad no quería escucharles. Lo hacía por educación, pero cada día se hacía más duro levantarme de la cama.

Volver al interior de las sábanas significaría dar pasos atrás. Perder. ¿Quería introducirme otra vez en mi propio interior? ¿Acabar con toda relación que me rodeaba? Una parte de mí lo pedía a gritos. La otra me insistía en caminar hacia la puerta y comenzar un nuevo día. Quizás sin ánimo, sin fuerzas. Pero, ¿por qué no intentarlo? Tampoco sabía qué me iba a esperar fuera. Hoy podría ser ese gran día que haría cambiar mi vida.

Convencida, caminé unos pasos hacia la puerta donde mi madre me esperaba para desayunar, pero las palabras salieron por sí solas.

-Mamá, desayunad sin mí. Creo que voy a volver a acostarme, estoy cansada. Más tarde saldré a correr para que me dé el aire.

Había sido derrotada por mi propio inconsciente. Y sin perder un segundo me lancé al confort, a la seguridad, a una vida perfecta en sueños donde era alguien que merecía la pena. Donde nadie me decía qué debía hacer, donde nadie me valoraba por mi físico. Porque solamente en mis sueños era verdaderamente dueña de mi cuerpo, de mi pensamiento y de mi propia alma.


Lara Evems

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