martes, 3 de noviembre de 2015

El cambio más visible

Érase una vez una niña que soñaba con ser normal. No era tan diferente a las demás niñas, pero su comportamiento era un tanto especial. 
No jugaba con muñecas, ni tampoco a las cocinitas o amas de casa, pues prefería vestir cómoda y correr por los campos de su poblado. Fue discriminada toda su vida por tener más amistades del sexo opuesto, y por tanto, asemejarse más a éstos que a su propio sexo. Sin embargo, ella era feliz. Feliz de encontrar a unas personas que la entendían después de muchas otras personas que la rechazaban.

Su gran corazón hizo que muchos la quisieran tal y como era, pero que otros tanto la odiaran por ser "distinta" a todas las demás mujeres: sumisas, controladoras y altamente recargadas de complementos textiles.

Años más tarde, la niña creció y halló al amor de su vida, su príncipe azul. Aquél al que estuvo buscando todos los días y con el que soñaba todas las noches. Una persona que, además de honrarle con la virtud de la amistad, confiara en ella. Y sobre todo, que la quisiera tal y como es.

Mientras tanto, las mismas personas que la recriminaban de pequeña, seguían haciéndolo de mayor, aun cuando supiesen que era buena persona, y que amaba y amaría a todos sus allegados aunque éstos le dieran la espalda. Los amigos cercanos a ésta le sugerían que siguiera adelante, y que dejara atrás las malas lenguas. Porque esta niña, ahora ya mayor, no se merecía las cosas que le ocurrían, o por lo menos, eso creía.

Hubo problemas, cada cual más extraño y doloroso. Y esta joven dama dejó de ser la niña que había sido, dejando paso a un carácter y un comportamiento diferente a lo acostumbrado. Aun así, esta muchacha seguía teniendo ese gran corazón, en cambio, esta vez se hallaría envuelto entre varias capas de autoconvencimiento y nostalgia. Entre algodón y hojas marchitas, entre alegrías y penas. Entre la salud y la enfermedad.

El primer intento de suicidio fue clave para su posterior futuro, puesto que los familiares supieron de este hecho y pusieron remedio al instante. Varios años después, entre médicos, psicólogos, pocas amistades, familiares... pusieron punto y final a esa etapa de su vida en la que creía ser el patito feo, convirtiéndose en un bello cisne.

Actualmente, esta mujer ha encontrado la estabilidad que necesitaba y que tanto ansiaba. Los problemas de salud siguen acechándola, pero van solucionándose. Tantas clases de terapia habían conseguido que se convirtiera en una verdadera piedra, la cual no cambia físicamente pero se erosiona en su interior. Ahora, el poblado sigue considerándola una persona extraña y diferente, pues, aunque ya vista como una mujer, tenga una pareja excelente y unas amistades que la protejan, siempre habrá algo por lo que la recriminen.

¿Pero no consistía en eso la vida? Ahora entiende que el mundo no es de color de rosa. Que las cosas se consiguen por el esfuerzo, y que si tenía un problema debía ponerle solución, aunque eso conllevara estar sola para siempre. Sabía que el sufrimiento es parte de la humanidad y que sin él, muchas de nuestras decisiones no significarían nada. 

Sí, ahora lo comprendía todo, y gracias a la ayuda aportada lo había conseguido. Ya no sería esa niña que ansiaba una vida perfecta y llena de felicidad, ya que esa ignorancia había desaparecido. Tampoco era esa joven que creía que su vida era tan insignificante que debía morir antes que causar más molestia a los que la rodeaban. Ahora era una mujer nueva, capaz de elegir y dirigir su vida como quisiera y complaciera. 

Eso sí, había adquirido frialdad y temperamento al cabo de los años, a cambio de su inocencia y sus sentimientos tan profundos. Su gran corazón seguía intacto, lo había conseguido, no sufriría más por la antigua vida. Sin embargo, no sabía exteriorizar ese amor y esa alegría que tenía tan profundamente guardada. 

¿Valía la pena dejar todo eso atrás? 

Lara Evems

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