martes, 18 de agosto de 2015

Elisabeth

Eres mi hermana. Eres mi amiga. No una amiga cualquiera, sino una especial. Amable, risueña, colaboradora, luchadora, con ilusión, bondadosa, caritativa, trabajadora... aún quedan tributos que mencionar, pues eres grande. Más aún que la propia Torre Eiffel, lugar privilegiado para los enamorados. 

Eres mi novia. Mi ángel de la guarda. Siempre a mi lado. Mi acompañante constante en este camino llamado vida. ¿No puedo hacer lo mismo por ti? No me alejaré de ti.

Esos ojos tan profundos, esa sonrisa tan preciosa. Tus palabras, tus consejos, hasta nuestras discusiones son únicas. Porque eres perfecta, y única, estás compuesta por la misma ilusión que se construyeron los monumentos más grandiosos; contienes esa uva tan dulce y de calidad que compone el mejor de los vinos, que dejan huella en nuestro paladar.

No estés triste mi niña. No llores nunca, porque yo viviré junto a ti. Yo lucharé contigo. Derribaremos murallas unidas bajo el mando de la amistad y fraternidad. Avanzaremos siempre, agarradas de la mano, nos reiremos de la vida. Y si caes, bajaré a recogerte, para volver a caminar, para llorar juntas si es necesario. 

Mi ángel: simplemente, eres tú. Con tus defectos y cualidades. Con tus tristezas y alegrías. Con nuestras propias riñas y aventuras...

Eres todo esto y más. Eres parte de mi.

Te quiero Eli.

Lara Evems

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