lunes, 13 de abril de 2015

Un diminuto corazón

El pequeño corazón sonreía, pues la mujer de sus ojos le había dado la mayor alegría del mundo. Un sí a la pregunta tradicionalmente conocida como la más deseada, había sido la causante de tremendo esplendor. A su vez, el diminuto corazón latía rápido, impetuoso. Los nervios comenzaron su danza, dotando al chico de unas gotas de sudor. La mente, abierta ante tal respuesta, no sabía si botar de alegría o caer, rendida, ante tan alta presión.


Su cuerpo vibraba al son de los sonoros latidos de su corazón. No se sabía que ocurría en el interior de aquella bolsa acuosa y viscosa. De lo que sí estaban seguros los padres, es que su bebé seguiría en camino, y una ilusoria patada en la barriga de la madre hizo brotar unas lágrimas de alegría.

Lara Evems 

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