sábado, 7 de febrero de 2015

Sociedad invisible

Como un espejismo me desvanecí ante las múltiples miradas de la sociedad. Escondida bajo un paraguas azul y diversas capas de ropa para protegerme del frío, caminaba por la acera esperando que algo sucediera. Se había convertido en mi rutina diaria, deseando que algunos de mis sueños se cumplieran; siendo uno de ellos el conocer a alguien especial. Pero durante todos estos años de mi vida en los que realizaba mi tradicional paseo por la calle Miguel Hernández, no había conocido a nadie, ni siquiera había ocurrido ningún suceso que pudiera considerarse “anormal” o “especial” por el que sonreír. Aun así, mi mente cavilaba durante horas, imaginando mil circunstancias en los que acaecer algo especial, en los que llorar, reír o gritar…

Pero aquellas extrañas personas que paseaban tranquilamente por la calle no me veían. No se percataban de mi existencia, por más esfuerzos que realizara para cambiar tal situación. Había sido, y seguía siendo, un ser invisible para todo mi alrededor. Y era aquello mismo lo que deseaba cambiar, ¿pero cómo? Mis mayores esfuerzos habían acabado en ruina y miseria, del mismo modo que mi corazón y mi alma se hallaban destrozados por los recuerdos del pasado. No creía tener la fuerza suficiente para poder transformar el presente, puesto que mi pasado se encontraba contaminado por la soledad. Pero un último aliento hacia la tan deseada metamorfosis me abrió paso hacia la esperanza, con una última oportunidad.  

Cada caminata por la acera, cada día lluvioso o soleado, cada disimulo personal o anhelo hacia una sociedad que no parecía interesarse por la comunicación. Cada uno de estos días en los que esperaba un suceso que nunca ocurrirá, porque mi visión sobre el mundo era totalmente distinta al de los demás. Comprendí que no necesitaba a alguien o algo que me diera energía en esta vida, porque cada momento recordado en aquella calle Miguel Hernández había sido una inusual oportunidad de conocerme a mí misma, de avanzar a nivel personal.
No podría conseguir lo que la sociedad requería, pero sería feliz a mi manera. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?

Simplemente era diferente.



Lara Evems

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