miércoles, 21 de enero de 2015

Intento de huida

Tenía la sensación de que olvidaba algo importante. No sabía exactamente que podría ser, llevaba ropa, mis aparatos electrónicos, dinero… todo ¿qué se me habría olvidado? Me puse a investigar. Mi lista de objetos parecía estar completa, pero aun así mi alma sonaba como una campana al amanecer. Me avisaba de algo significativo, algo que mi mente parecía haber borrado, pero una espina que se hallaba dentro de mí me rasgaba el corazón.

Mi viaje debería cancelarse, puesto que esa sensación me oprimía el pecho. No me dejaba respirar. Imágenes emborronadas se acumulaban en mis pensamientos, procurando que mi mente las recordara. Pero había realizado un buen trabajo. El proceso de olvido había sido correcto; tan perfecto que ni tales imágenes podrían ser reconocidas. ¿Tan importante es? Parecía que sí.

Por un esfuerzo de comprender lo que me ocurría, recorrí toda la casa, buscando algo que nunca encontraría. ¿Será el móvil? ¿El secador del pelo? O simplemente esa sensación había surgido de manera casual, acompañándome durante todo el viaje. Así pues, acabé de prepararme la maleta para poder irme. La cogí y me dirigí a la puerta principal.

En aquel instante mi corazón dio un vuelco. Palpitaba agitadamente indicándome la distancia que faltaba para salir de aquel lugar. Fuera de la puerta encontraría lo que tanto había estado esperando, pero mi interior me forzaba a no salir. Debía hallar algo en el interior de la casa, con el cual podría alejarme tranquilamente y sin remordimientos.

Di media vuelta y comencé a buscar el objeto perdido. A cada paso que daba por el pasillo, mi corazón, como brújula que indica el norte, se removía en mi interior. Me indicaba la dirección que tenía que coger; así que anduve hasta mi habitación. Me encontré ante una puerta de madera cerrada; mi alma observaba, alarmada, todo su alrededor. Esperaba que abriera la puerta para, de esta manera, entender mi comportamiento y este enigma que me corroía por dentro.

Dubitativa la abrí.

Lentamente una imagen que había sido borrada de mi mente volvió en sí. Mi corazón se hallaba encima de la cama, destrozado y palpitando pausadamente. Fotografías de mi pasado colgaban de las paredes, llorando un dolor que, aunque lo había eliminado de mi mente, aún me escocía. Mi amor hecho trizas no podría curarse con un simple olvido.

Mi alma lo comprendió. No podía dejar abandonado a mi corazón, pues éste me necesitaba. Mirándolo con tristeza, recordando un hecho pasado, lo cogí y lo guardé. Y sintiéndolo cercano a mí; sintiendo una sensación de seguridad, me dirigí a la puerta principal, la cual se encontraba abierta.


Decidida, me encaminé hacia el exterior. Allí me esperaban, sonrientes, la libertad y felicidad.

Lara Evems

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