miércoles, 7 de enero de 2015

El despertar de la conciencia, parte 1

   Tenía momentos de lucidez. Mis ojos se entreabrían entrecortadamente a fuerza de electricidad. Brotes de energía travesaban mi cuerpo rápidamente, sin darme tiempo a reaccionar. Quería moverme, pero algún objeto me lo impedía. No sabía si me encontraba sujetado por ataduras o simplemente mi cuerpo se hallaba paralizado por aquella tormentosa situación. Sin embargo, tenía claro que quería alejarme de allí. Aquellas sensaciones que me provocaban la vida no eran agradables. Deseaba, por lo menos, poder mencionar mi nombre, que supieran que estaba vivo. Que pararan de torturarme con las corrientes eléctricas que reaccionaban ante mis estímulos.

   Debían estar convencidos de mi muerte, pues aquellas personas a las que vislumbraba confusamente no dejaban de experimentar con mi cuerpo. ¿Qué me habrá ocurrido que ha provocado tan ansiosa experimentación? Sí, debía de emitir algún rasgo que afirmase mi supervivencia. Intenté producir sonido, pero mis labios se hallaban cerrados ante un bloqueo perpetuo. Debía de pensar la manera de hacerme entender. “Quizás con abrir mis ojos entenderán que estoy con vida”.

   En un intento por entreabrir los pesados párpados comprendí mi situación. De manera borrosa me percaté de mi postura. Me encontraba acostado en una camilla metálica donde, unas personas con bata, me inyectaban todo tipo de líquidos extraños. Otros tanto me colocaban vías en los brazos. Mi cuerpo se hallaba completamente desnudo a causa de múltiples cables que lo atravesaban y envolvían. Era, realmente, un cuerpo de experimentación.

“¿Qué estarán buscando?” Mi mente se nublaba una y otra vez consecuencia de los fluidos que me introducían. No comprendía totalmente mi estado. “¿Estaré muriéndome? ¿Me ocurre algo grave?”. Preguntas y más preguntas rebotaban en mi cabeza. Debía averiguarlo a pesar de mi flojedad. Un último intento por avisar de mi estado sería la causa de mi salvación.

-¡Rápido! Debemos sacarle la máxima sangre posible antes de que despierte. ¡Esto nos hará ricos! Podremos vendérselo a cualquier empresa para su utilidad privada. Además, será una exclusiva en toda regla. ¡Hay que aprovechar el momento!

-Señor, ¿no cree que sigue siendo una persona a la que hay que respetar? Ya hemos extraído la suficiente sangre como para analizarla y venderla al mejor postor. Dejemos que este hombre se vaya a su casa e intente rehacer su vida. Tiene derecho a ello. La voz de una joven asomaba finamente en un extremo de la sala.

-¡NO! Este espécimen es mío. Y haré lo que desee con él. Además, aún debemos saber quién es y por qué ocurrió ese hecho hace una semana. Mientras no salga de nuestro laboratorio, nadie sabrá que sobrevivió. Su familia creerá que está muerto; ya lo habrán llorado suficiente.
Noté como aquella voz masculina se acercaba hacia mi persona. Y como un suspiro ante mi oído escuché lo último que tenía que decirme.

-¿Quién eres? ¿Y por qué estás aquí? Ahora eres totalmente mío. Tu fuerza y tus habilidades serán mi arma. Gracias por haberme dado esta oportunidad… - Y notando su lejanía finalizó.- Haced lo que queráis con él una vez cumplido nuestro propósito. ¡Cómo si queréis extraerle hasta la última gota de sangre que existe en su cuerpo! Enterradlo bien si fuera ese el caso.  

   ¿Había entendido bien? Algo horrible había ocurrido, y yo había sido la causa de ello. Ahora, estos médicos o lo que sean me utilizarán y eliminarán después. ¡¡Mi familia!! Mis ojos obtuvieron la energía que necesitaban. Una sacudida de vitalidad gracias al recuerdo de seres queridos despertó mis sentidos. “¡Mi familia! Creían que había fallecido… ¡Debo decirles que estoy aquí!” Debía, en realidad, detener los planes de aquellos malvados personajes que querían destruir el mundo utilizándome. ¿Pero cómo? Si yo era un ser insignificante… “Algo ha tenido que cambiar.”

   Con esta determinación, mi cuerpo cobró vida. Mis músculos, ahora enormes, podían avanzar mínimamente con gran esfuerzo. Mis ojos se abrieron extremadamente, cambiando de color por la ira que, ahora, comenzaba a apoderarse de mi persona. Mi cabello, castaño claro, había sido rapado concienzudamente, lo que me daba un aspecto aterrador.

   En aquellos momentos solo oía gritos y súplicas donde predominaba la frase: “Sabía que llegaría este momento”. No me interesaban ninguno de ellos, sólo deseaba entorpecer los planes del hombre que me había susurrado anteriormente, amenazándome y burlándose de mi situación y familia. Pero mi ira aumentaba a cada paso que daba en dirección a la salida. Aquellos seres a los que ahora veía como insignificantes me impedían huir obstaculizándome el paso. Para ello, múltiples agujas volaban en mi dirección, intentando que, con esto, no avanzara hacia mi cometido.

   Un grito de cólera salió de mi boca, provocado por un intento de clavarse una aguja en mi brazo. Ferozmente y mirando hacia el infinito, apreté mis grandes músculos estimulando la salida de miles de venas por mis brazos. La inyección que había penetrado mi piel salió disparada con solo pensarlo; mis músculos se habían puesto extremadamente duros, mi cuerpo parecía ser de piedra.


   Ahora sí me encontraba envuelto en cólera. Mi ira dominaba mis movimientos y pensamientos. “Me había convertido en un ser extremadamente poderoso… y peligroso”. 

CONTINUARÁ
Lara Evems
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