miércoles, 3 de diciembre de 2014

Mi otro yo

   Desde el principio supe que era especial. No sabía con exactitud cuánto aunque mi interior me lo dijera.
Toda amistad comienza charlando, conociendo a alguien que te despierta esa simpatía y alegría que no puedes llegar a saber de donde viene. Y es que yo soy de los que piensan que un chico entiende mejor a una chica y viceversa. Existe una química especial dentro de personas que las hacen amigables por naturaleza. Sin embargo, yo no reconocí ese afecto a primera vista.

    Despertados esos sentimientos dentro de mí, comencé a preguntarme: ¿Es posible? La amistad que fue apareciendo entre nosotros comenzó a despertar dudas en mi cabeza: estaba confundido. Quizá me abrumaba la idea de tener un amigo del sexo opuesto. Debíamos soportar las habladurías se sucedían a cada momento, mientras nosotros respondíamos a ellas silenciosos, con una mirada cómplice que lo decía todo. Nuestra conexión iba más allá de todo aquello.

   Años más tarde, puedo decir que en ese amigo reside “Mi otro yo”, esa persona que sólo con mirarnos sabemos que nos ocurre, sin hacer falta ningún tipo de preguntas. Siente lo mismo que yo siento. Nuestras emociones están conectadas con un vínculo que nada ni nadie logrará comprender ni destruir. Esa complicidad que sólo encuentro en ese amigo, que lo hace tan indispensable, que un mundo sin él me parecería un infierno. Lo quiero como a nadie, es parte de mí. No sabría ponerle otra palabra a este sentimiento que ahonda en mi interior: “amistad”, esa palabra tan común y tan difícil de encontrar.

                                  
                                                                                                          Shin’yu


   Y en lo más profundo de mi ser sabía que nos encontraríamos. Que volveríamos a enlazarnos de tan armoniosa amistad que tanto habíamos esperado. Tiempos pasados fueron los determinantes de nuestra separación; fríos y dolorosos recuerdos estuvieron presentes en nuestra lejanía. Pero ahora todo ha cambiado. Hemos vuelto a la normalidad.

   Ambos sabemos los pensamientos de nuestro otro yo. “Amoríos” dicen algunos, “atracción” dicen otros. Pero yo digo “aprecio”, “admiración”, “simpatía”, “estima”, y lo más importante: “hermandad”.
Nos encontramos tan cerca pero a la vez tan lejos: Familia pero amistad.

   Alegrías y tristezas son las que hemos vivido juntos. Y aun así seguimos adelante con nuestros caminos.
   Sabemos que llegará el día de nuestra despedida. Esperemos que sea en un tiempo lejano. Pero lo que realmente sabemos es que somos importantes; que la amistad no es aquella que se encuentra en las buenas situaciones, sino aquella que se queda en las malas, e incluso cuando no tienes nada más que ofrecer: salvo tu compañía.


Lara Evems

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