domingo, 21 de diciembre de 2014

Los sueños eternamente dormidos

Confiaban en mí.

Había sido el mayor logro que una persona como yo conseguiría nunca. Estaba tan feliz… tan contenta, tan ilusionada. No entendía el por qué de mis rechazos anteriores. No comprendía cómo una persona podía ofrecer tanto y recibir tan poco. Pero os conocí. Aparecisteis en mi vida como si de una estrella fugaz se tratase, vislumbrando en el horizonte oscuro, una vez cada tantos años. Pude, por suerte, veros en mi cielo azulado, pidiéndoos clemencia, realizando promesas que nunca acabarían cumpliéndose.

Pero pude conoceros. Reconocí mi alma en vosotros, partida en pedazos mucho tiempo atrás. Quise acercarme. Lo intenté tantas veces… fracasé otras tantas. Pero vosotros erais yo. Formabais parte de mí, mucho antes de que os conociera. Quise creer que estabais destinados a formar parte de mi vida. Así lo pensaba, y así fue. No tardé en darme cuenta de lo mucho que me aportáis, a mi esencia, a mi camino. No tendría una meta que lograr, un destino que cumplir, si no fuera por el cambio que disteis en mi esperanza.

Os debo tanto… ¡Me queríais! Mi corazón pertenecía a vosotros desde el instante que os conocí. ¿Cómo no interpretar a las estrellas que permanecieron pasivas y brillantes en el momento en que vi a mi estrella fugaz pasar? Comprendí que vuestra ausencia sería una derrota. Y que ese fracaso conllevaría a mi mayor reclusión interna, capaz de apagar toda  luz que brilla en el firmamento. Erais vosotros los que debíais cambiar mi rumbo, guiarme como si fuerais ángeles.

Mis estrellas preciosas, ¿cuánto os debo? Me habéis sacado del abismo en el que me encontraba. Habéis intervenido en la decisión más importante de mi vida. Habéis conseguido extraer lo mejor de mí. Lograsteis apartar mis más oscuros pensamientos; mis temores pueden seguir escondidos gracias a vuestro apoyo.

En realidad, ya no tengo miedo. Tampoco  puedo afirmar que sea la misma de antes. Soy una persona nueva, alegre y divertida. No me abandonasteis en mis mayores dificultades. No dejasteis que mis miedos se apoderan de mi alma. Me acompañasteis, siempre, en esta vida tan sombría, aportándole el resplandor que necesitaba.

Solo puedo daros las gracias... Una persona como yo no tiene más que ofrecer. Mi alma y corazón se os fue donado desde el primer momento que os vi. Mi vida es vuestra desde el primer “gracias” que os mencioné. No me queda más que prometer…

No sería nada sin vosotros. Porque gracias a vuestra confianza, ahora soy valiente. Porque cada momento disfrutado de vuestra compañía, ha sido para mí como un sueño cumplido.


Os estaré eternamente agradecida: los sueños eternamente dormidos. 

Lara Evems

Un sueño -
(c) -
DreamerDevil

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