domingo, 14 de diciembre de 2014

En perfecta armonía

Observaba un paisaje conmovedor. Sentado en el asiento 26-v, podía apreciar hasta el último rasgo de aquel precioso valle. Sabía que tales vistas  me producían sensaciones de paz y tranquilidad, pero no entendía por qué esas me daban un valor sobrecogedor.

Notaba como la valentía dominaba mi cuerpo. Aquel paisaje impresionante hizo que pudiera volver a encontrarme con unos pensamientos que creía haber ocultado.
Estaba huyendo de un lugar que me había permitido encontrar el amor; la alegría, la ilusión. Sin embargo, también pude vivir experiencias dificultosas, con las cuales abrí mis ojos, totalmente ciegos de pasión.

Desechando tales pensamientos que involucraban mi corazón, giré el rostro hacia mis tan adoradas vistas. El horizonte se encontraba repleto de verdor. Viviendas antiguas de piedra ofrecían un toque especial y natural al paisaje que me ofrecía aquella población. Entendía que las sensaciones que me ofrecía ese lugar podrían desaparecer casi totalmente de mi mente al marcharme. Pero debía hacerlo.
Pude percatarme de la cantidad de animales salvajes que rodeaban a las pobres moradas, techadas únicamente por paja y cañizo. La naturaleza era sobrecogedora; el reino animal compenetraba perfectamente con la flora, al igual que con la población. Podría identificarse una unión especial y abstracta entre los tres reinos existentes, de los que pensaba tomar ejemplo.

Yo quería sentirme de aquella misma manera. Necesitaba esa equilibrio; debía encontrar la calma que templara mis sentimientos y recuerdos. Puede, que incluso me conformara con un simple perdón. Ansiaba regresar al pasado, que nada hubiera ocurrido. Anhelaba mis vivencias pasadas en aquel lugar con aquella persona; creía encontrarme, en mis recuerdos, en una nube; en armonía, como el paisaje del que me estaba enamorando.

Al llegar a la estación mi corazón dio un vuelco. Estaba comprendiendo la soledad que sentía mi alma al abandonar la aldea. Aquel lugar no había sido mi población de origen, pero se había convertido en mi esencia vital. Quise contemplar por última vez el centro de mi corazón, abandonando, a causa del engaño, una parte de mi vida.

Y en el momento antes de retornar a la ciudad, decidí no perder lo único que me quedaba. Regresaría a la aldea, entendiendo con ello que la volvería a ver a ella. Pero no me importó, no debía afligirme. No renunciaría a mis deseos.


Volvería y encontraría esa calma que necesitaba: Nadie iba a tomar mis decisiones.

Lara Evems


Un sueño -
(c) -
DreamerDevil

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