jueves, 4 de diciembre de 2014

Cruda realidad


     Paseando por las calles de mi localidad, admiré las decoraciones que sobresalían de las casas. Sabía que se encontraba cerca aquella fecha tan especial, aquella época que hacía que toda tristeza fuera escondida en lo más profundo de uno mismo. Alegre por este espíritu que sobrecoge al corazón en estos días tan determinados, valoré que mi familia era especial. 
    Envuelta en mis propios pensamientos, percibí a un par de figuras a lo lejos, moviéndose tan ágilmente como si de una danza se tratara. Una adolescente ayudaba a su anciana abuela a colocar sobre las ventanas unas luces preciosas, mientras que, más adelante, se distinguía a una niña corretear por la acera con un “cerdito” y un “conejito” en sus manos.
    ¡Qué entusiasmo y felicidad se respiraba en esta época del año! Vecinos sonriendo al salir de un comercio, ancianos jugando a las partidas matutinas en el parque, jóvenes exaltantes paseando por las calles con sus amigos o parejas. Sí, estaba claro, la Navidad era el momento más feliz del año. Pareciéndose a una película, creía estar en una ilusión donde reinaba el amor y la armonía; donde la maldad y el egoísmo no tenían protagonismo. Lenta y tranquilamente decidí pasear por mi población para ver tal humildad una vez más.
    Momentos de realidad acechaban con marcarme para toda la vida. Recuerdos sobrecogedores fueron protagonistas de aquella mañana que parecía ser tan hermosa.   Me equivocaba. Varios jóvenes se apresuraban en desaparecer de la vista de todos, mientras un comerciante vociferaba con enojo. Todo fue tan deprisa…
Un coche apareció sin avisar. Sin dar tiempo a la reacción, estos jóvenes fueron arrojados varios metros más adelante. Cuerpos inmóviles dieron resultado a llantos y temor. No hubo despedidas, no hubo súplicas, ni hubo un perdón.
    
    “Esto no debió de haber ocurrido” Esta idea resonó en todas las mentes de los vecinos que nos encontramos en aquel suceso. Si estos niños no hubieran hurtado, no habrían huido sin mirar atrás. Si estas familias hubieran tenido un sustento en aquellas fechas, las cuales debían ser las más felices, sus hijos no habrían realizado tal acto…
Lo que pretendían ser unas Navidades de felicidad e ilusión resultaron ser unas Navidades de resentimiento y dolor.
    No pudimos volver atrás. Pero sí intentar paliar tal dolor inmenso. No podríamos devolverle lo que querían, pero sí ayudar con lo que necesitaban.
Con el corazón y el alma encogidos, todos los presentes compartimos  cuantas cosas tuvimos y no necesitábamos. Regalos, alimentos, ropa… y sobre todo, muchísima amistad y amor.
    
    No fueron unas Navidades agradables ni felices, pero resultaron ser unas Navidades reveladoras.  El espíritu de aquella época reflejó la bondad de nuestros corazones.

“Jesús repartió los panes.

Reparte tú lo que puedas compartir”
                                                                                                                    Lara Evems

Un sueño -
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DreamerDevil

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